Nuestros hijos y las competitividad del entorno
- 9 jun 2016
- 1 Min. de lectura

Todos tenemos claro que en estas sociedades cambiantes y competitivas se necesitan ante todo personas capaces de adaptarse a dichas exigencias. Tampoco dudamos que los niños británicos que logren entrar a los mejores colegios de élite tengan el día de mañana un buen empleo. No obstante, también es necesario preguntarnos…
¿Habrá valido la pena todo ese coste emocional? ¿El perder su infancia? ¿El seguir las pautas que sus padres tenían programadas para ellos desde que tenían 5 años?
Cabe decir que a día de hoy no existen estudios concluyentes que respalden la idea de que “acelerar” ciertas competencias, como es el caso de la lectura, en niños de 4 años sea tan positivo ni que repercuta a largo plazo en su desempeño académico. Lo que se consigue en muchos casos es que los pequeños empiezan a conocer dimensiones como la frustración, el estrés y ante todo, tener que ajustarse a las expectativas paternales.
Los niños están hechos de sueños y hay que tratarlos con cuidado. Si nos empeñamos en llenar su tiempo de objetivos que cumplir y competencias que asumir, cada día estaremos rompiendo un pedacito de sus alas. Esas con las que tal vez, alcanzaría el día de mañana sus propios sueños. Si les damos obligaciones de adulto cuando aún son solo niños, arrancaremos también las alas de sus cometas, para aferrarlos al suelo, haciéndoles perder su infancia.

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